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Oaxaqueños Aprenden y Avanzan sus Raíces Musicales

Oaxaqueños Aprenden y Avanzan sus Raíces Musicales

Por Tomás Rodríguez

La historia de dos jóvenes interesados en la música folclórica y su camino a convertirse en directores de banda. 

Ernesto Cruz y Jéssica Hernández nacieron en Los Ángeles, pero sus padres son de la Sierra Norte en Oaxaca, México. Ernesto tiene raíces en un pueblo llamado Santa Maria Xochixtepec mientras que Jéssica tiene raíces en otro pueblo llamado Santiago Zoochila que está a solo 30 minutos de distancia de Xochixtepec. Ambos tienen diferentes experiencias con su comienzo en la música.

“Desde lo más temprano que recuerdo, siempre he estado involucrada, he sido parte del ambiente musical. Mis papás tienen un video de cuando yo era bebé, todavía ni caminaba y estaba allí jugando con la trompeta de mi papá,” dice Hernán dez. 

Jéssica viene de una familia de músicos. Su papá fue parte de un grupo musical de los noventa durante la era de tecnobanda. Se conocían como la Banda Juárez de Oaxaca. 

“Pues yo recuerdo haber crecido con ellos, iba a los night clubs con ellos desde los cinco años. Después de allí empezó lo filarmónico,” recuerda Hernández. 

Con tanta influencia en la música, no fue una sorpresa que Jéssica comenzará a estudiar música en la escuela. 

“Yo no empecé a tocar hasta que estaba en el quinto grado de primaria cuando ya tenía unos nueve o diez años. Mi papá es músico, sus hermanos, mis tíos, son músicos, vengo de una familia de músicos y siempre he estado expuesta a la música,” dice Hernández. 

Los oaxaqueños radicados en Los Ángeles formaron una banda filarmónica y Jéssica también formó parte de los ensayos. Pero no fue hasta la Navidad de 2000 que surgió la idea de involucrar a los jóvenes Zoochilenos de la ciudad de Lynwood, donde la mayoría de los Zoochileños vivían. 

“Se encontraban mucho el pandillerismo y tenían miedo de que nosotros, nuestra generación, nos fuéramos a involucrar en ese tipo de malas influencias, malas aspectos. Mi papá y mi tío querían hacer algo para que la juventud no se fuera hacia ese lado y que se enfocara en sus estudios, pero al igual tratar de enseñarles lo que es la cultura oaxaqueña, la cultura zoochileña,” explica Hernández. 

Esto fue la fundación de la Banda Nueva Dinastía de Santiago Zoochila y Jéssica fue parte de este proceso.

“Fue en abril de 2001 cuando nos juntaron a nosotros los jóvenes. Mi hermana era la más chica, en aquel entonces tenía cinco años, y los más grandes, los jóvenes, teníamos unos 12 ó 13 años, más o menos. Y [en] aquel entonces creo lograron juntar entre unos 35 ó 40 jóvenes y niños, mayormente de paisanos Zoochileños, y de allí fue que empezó la primera generación de Banda Nueva Dinastía,” dice Hernández. 

Ernesto Cruz, por otro lado, tiene raíces de un pueblo llamado Santa María Xochixtepec. Fue en California, donde encontró primero su pasión por la música. 

“Me cautivó más la música oaxaqueña cuando fui por primera vez a Oaxaca, de donde son mis papás, que es Santa María Xochixtepec. Es la región norte al lado de la Sierra Benito Juárez, distrito Villa Alta. Fue en 1999 cuando [por] primera vez escuché [sobre] los usos y costumbres oaxaqueños, especialmente en la sierra, y allí es cuando me introduje a la música oaxaqueña,” explica Cruz.

Durante la misma época en la que se estaba formando la Banda Nueva Dinastía de Santiago Zoochila, Ernesto empezó su camino hacia la música folclórica oaxaqueña. Él también viene de una familia de músicos.

“Aprendí música en el 2001. Aprendí música con mi familia, uno de mis primos, en ese tiempo estuvo dirigiendo la Banda de Xochixtepec aquí en Los Ángeles. Juntó niños y comenzamos. Desde entonces, inicié en la banda en 2002, al tiempo de la fiesta, en la comunidad de Santa María Xochixtepec,” dice Cruz. 

Ernesto aprendió poco a poco la música, y decidió dar un gran paso cuando decidió matricularse en la preparatoria Alexander Hamilton, una escuela reconocida por su academia de música y teatro. Pero esto no fue algo fácil.

“Fue duro. Al comienzo fui [puesto] en la lista de espera, [así que] no fui aceptado inmediatamente. Tuve que ir a allí a ver si el director de la academia de música me aceptaba. Hablé con él, habló con mi papá y [le] gustó que estuvimos muy interesados en la música y de entonces, él decidió ese mismo día: ‘te acepto’,” explica Cruz. 

Pero antes de entrar a la prepa, Ernesto ya estaba avanzado en la música. La banda grabó un disco en 2004 y en aquel entonces, el director escogió a Ernesto y a su primo para ser los solistas de una pieza. Con solo cuatro años en la banda, Ernesto se ganó la confianza de su familia.

“De allí creo que mis tíos, primos, se dieron cuenta de: ‘Oh, sí le interesa mucho’. Y allí es cuando me estaban enseñando un poco más. Me dijeron: ‘Esto es lo tienes que hacer y allí es cuando en el 2006 decidieron: ‘hay que apoyarlo para que se supere en la música”. Allí es cuando me dieron el cargo. ‘Dirige unas piezas, hacer las prácticas generales para las bandas’,” recuerda Cruz. 

Ernesto y su carrera como músico cambió desde ese entonces. No era solo un integrante de la banda, sino el director.

“Fue como en el 2005, cuando comencé high school. La banda me dio la oportunidad de dirigir porque vieron que me gustaba mucho y vieron esa lumbre que algún día: ‘él podría ser algo’. En el 2008, tuve la oportunidad de enseñar a 26 niños de la edad de 8 hasta la edad de 26 para reforzar la banda. [Tenía] como 16, 17 y yo dándoles lecciones en música, fue muy interesante,” explica Cruz. 

La Banda Nueva Dinastía surgió en 2001 en la comunidad de Lynwood, donde aprendieron las bases de la música, como el solfeo, o notas de entonación. Así habían aprendido el papá y tío de Jéssica en el pueblo.

“Empezamos así, como a ellos les enseñaron, con solfeo, como tradicionalmente se enseña en los pueblos. Solfeamos por unos 6 meses y en septiembre de ese año fue cuando empezamos a agarrar los instrumentos. Duramos unos dos o tres años aprendiendo música porque nadie de nosotros, excepto yo, que yo ya estaba aprendiendo en la escuela, sabía nada de música o muy pocos habían sido expuestos a la música oaxaqueña. Pues sí fue un largo proyecto y es hasta en el 2004, en mayo 22 de 2004, fue cuando oficialmente hicimos el debut y
ya cuando Banda Nueva Dinastía salió,” explica Hernández. 

Por fin, en un salón en Lynwood, fue donde todo empezó y se hizo el debut de la banda. Ellos eran unas de las primeras bandas con jóvenes nacidos en Los Ángeles, parte de la primera generación de oaxaqueñoamericanos, algo que no se había hecho hasta entonces. El salón se llenó con bastante gente, paisanos y familiares. Tenían sus cámaras de VHS listas para grabar el debut anticipado.

“Eran tantos años desde que él inició en 2001 al 2004. Recuerdo ver las caras de nuestros padres, que a lo mejor ellos nunca se imaginaron que iban a emigrar a este país, de que iban a tener hijos o familias aquí en este país y mucho menos que iban a ver sus hijos poder tocar esa música con la que ellos habían crecido allá en sus pueblos. Se les veía en la cara ese orgullo que tenían en nosotros, sus hijos. Es lo único que recuerdo. Fue un momento muy especial,” dice Hernández. 

Jéssica siguió estudiando música en la escuela como parte de las bandas dentro de su middle school y luego high school. Tenía clases de música durante el día, y luego iba a practicar con su banda en las tardes y fines de semana, también tocando en fiestas. Pero ella siempre notó una diferencia entre los dos tipos de música.

“A veces iba a los parades, los desfiles que hacíamos y los conciertos que teníamos. Musicalmente sí estaba muy involucrada en eso, pero yo siempre sentía que eran dos mundos muy diferentes. No [solo] en lo musical, sino también en la enseñanza. Así como me enseñaron en Banda Nueva Dinastía y como enseñan en el sistema escolar son dos sistemas muy diferentes y siempre vi eso,” dice Hernández.

Jéssica y Ernesto continuaron en la preparatoria, siempre involucrados en la música de la escuela y en las bandas oaxaqueñas. Ellos son los primeros en su familia en ir a la universidad, pero debido al choque de estos dos mundos, Ernesto se perdió de varias actividades escolares en su último año del high school. 

“Durante high school, como a los fines de año, está prom, grad night… y yo no fui. No fui porque estuve con la banda. Había muchas veces que no podía ir a unos eventos de la escuela porque estuve con la banda, estuve aprendiendo más de la música. ¿Me enojo que no fui? ¡No! Porque fue algo para mí, que a mí me gustó,” confiesa Cruz. 

Ernesto sabía que la música iba a ser parte importante de su futuro educativo. 

“Después de high school, muchos no saben qué quieren hacer como carrera. En ese tiempo, yo tampoco sabía, pero la música siempre estaba allí,” dice Cruz. 

Jéssica también supo que la música iba a continuar siendo parte de sus estudios, pero algunas personas se sorprendieron con su decisión.

“Cuando fue una cuestión de llenar la aplicacion, no había otra cosa para mí que quería estudiar más que la música. Me acuerdo cuando se lo platiqué a mis padres, para mi papá no fue sorpresa. Para mi mamá, pues no estaba super feliz de que yo iba a estudiar música. Ella siempre esperó que yo estudiara otra carrera, pues aquí muchos piensan: ‘Oh, puede ser doctor o maestro o abogado’, cosas así. La música no la ven como un estudio formal. Muchos lo ven como un hobby, un pasatiempo. Muy pocos saben que es un estudio, es una profesión también,” explica Hernández. “Muchos familiares también estaban sorprendidos de que yo iba a estudiar música, y yo siempre me preguntaba: ¿por qué les sorprende? ¿Qué no es más obvio de que eso es lo que voy a estudiar porque es lo único que he hecho en casi toda mi vida?”

Su propia familia trató de cambiar su decisión para que estudiara otra carrera. Pero nada cambió su decisión.

“Para mí, nunca hubo duda de que eso era lo que yo iba a estudiar… Siempre en toda mi middle school, high school, siempre mantuve todas mis actividades con la Banda Nueva Dinastía. No sé cómo lo hacía, la verdad, porque hay veces que si se juntaba las cosas, pero siempre buscaba la manera de estar involucrada,” dice Hernández. 

Jéssica es la mayor hermana en la familia. Como muchos estudiantes de primera generación, no sabía mucho del proceso para solicitar ingreso a la universidad, pero ella ya estaba acostumbrada a hacer preguntas y buscar soluciones. 

“Desde muy joven, mi papá, bueno ahora se lo agradezco, pero como me caía gordo que de niña siempre mi papá me decía: ‘Pues ve a preguntar’, y “Ve, pregunta cómo hacer eso”. Pues era niña, me daba pena ir a preguntar, pero gracias a eso, yo iba a centros cuando había workshops. Iba para ver qué tenía que hacer para entrar a una universidad, qué es el proceso, dónde voy a conseguir dinero, financial aid, FAFSA, todo eso,” explica Hernández. 

Jéssica recibió apoyo de sus maestros en la prepa, pero como ella quería estudiar música, los maestros no conocían el proceso para solicitar en una escuela de música. Uno de los requisitos era que tenía que presentar una audición.

“Yo nunca había hecho una audición en mi vida. Cuando me mandaron la lista de canciones que recomendaban que nosotros tuviéramos preparadas para la audición, yo nunca había escuchado de eso. Estamos hablando de música clásica. Sí había escuchado de los nombres Beethoven y Mozart, Dvorak… y todo eso pero yo no crecí escuchando esa música,”dice Hernández. “Yo crecí escuchando sones y jarabes, y cuando vi la lista dije: ‘Oh my goodness’, ni sé qué es esto: obertura número 2 de equis persona. Yo me quedé como ‘wow, no sé qué hacer”, pero pues en aquel entonces creo que ya estaba saliendo YouTube, me puse a buscar, me puse a estudiar.” 

Jéssica solicitó ingreso a varias universidades, pero la escuela que más le cautivó fue la Universidad de California en Riverside. Se sintió en casa porque la hicieron sentir bienvenida y eso la ayudó a decidir ingresar a esa universidad. 

“Recibí mis ofertas, mis acceptance letters y todo eso, y cuando llegó tiempo de decidir a dónde me voy a ir, pues la verdad nunca se me olvidó esa primera audición de Riverside. Nunca sentí esa amistad, ese cariño, eso de que saben quién soy en otras escuelas como lo sentí en Riverside,” confiesa Hernández. 

Ahora, en su último año en la prepa, llegó uno de los momentos más ocupados para Jessica. En julio de 2006, la Banda Nueva Dinastía viajó a Santiago Zoochila por primera vez en la historia de la banda.

“De hecho, el año que yo me gradué de la high school en 2006, ese julio fue cuando la banda tomó su primer viaje a Santiago Zoochila. Ese año, ese verano, esos meses, fue mucha actividad porque me gradué de la high school, después tuve que ir a mi orientación a UC Riverside, después tenía que prepararme para el viaje de Zoochila. Fuimos a Zoochila por tres meses y a las dos tres semanas, me tuve que preparar para empezar Riverside,” explica Hernández. 

Una costumbre en los pueblos de Oaxaca y de México es la celebración de las fiestas anuales, conocidas como fiestas patronales. En Oaxaca, el pueblo recibe a varias bandas de otros pueblos y en este caso, el pueblo de Zoochila estaba esperando a este grupo de jóvenes de Los Ángeles. 

“Recuerdo esa primera vez, casi todo el pueblo llegó a recibirnos esa tarde que llegamos. Había tormenta y a pesar de eso, toda la gente salió para recibirnos porque pues era la primera vez de que una banda de Los Ángeles iba para Oaxaca. No sabíamos qué esperar… al ver a la gente allí, emocionada de vernos. Igual [para] muchos de los jóvenes de la banda era la primera vez que iban al pueblo. Muchos de ellos no conocían a sus abuelos o sus otros familiares que estaban allí en el pueblo. Fue algo muy especial,” relata Hernández. 

Jéssica se alistó para empezar una nueva etapa en su vida en UC Riverside. En el 2008, Ernesto fue aceptado en la Universidad del Estado de California en Northridge. Él estaba listo para obtener una licenciatura en educación de música. Pero no fue tan simple. 

“La maestra, Doctor Julia Heinen, fue mi profesora de clarinete. Mi primer año inicial, yo no sabía que eran lecciones privadas, no sabía cómo practicar, no sabía qué era una banda sinfónica. Fue muy duro, pero mi maestra no se enojó. Ella sabía de dónde venía, sabía que la oportunidad no estaba para mí porque cobran mucho para dar lecciones privadas. Ella sabía de qué lugar yo había venido y me dio más ánimo ella, y me dijo: ‘tú lo puedes hacer, no te rindas y sigue’,” explica Cruz. 

En Northridge, los estudiantes tienen la oportunidad durante los exámenes finales de cada semestre de cambiar de programa dentro de la escuela de música. Pero para hacer esto, Ernesto tuvo que tocar piezas con su clarinete en frente de sus profesores. El pasó el examen y Ernesto ahora se había convertido en un solista. Esto le abrió más puertas. 

“El segundo año estuve en la Orquesta Sinfónica de Northridge y también en la Banda Filarmónica de Northridge, que es el wind ensemble, las mejores bandas aquí. Me tocó el tercer asiento de seis clarinetes y muchos eran estudiantes que estaban sacando sus maestrías y que están a nivel avanzado. Yo tuve esa oportunidad de llegar allí. Al segundo semestre es cuando me tocó con la orquesta ser el principal clarinet y allí poco a poco estuve mejorando. Tuve la oportunidad de hacer competencias con el International Clarinet Association (ICA),”relata Cruz. 

Las responsabilidades de Ernesto en la música fueron creciendo bastante rápido. Era el director con su banda oaxaqueña y estaba superándose en sus estudios como solista en la universidad, pero algo cambió su vida para siempre.

“Para el tercer año, me casé y tuve mi hijo. Tuve a mi hijo en el segundo semestre. Muchos pensaron que porque iba a tener [a] mi hijo, iba a parar. Todos dijeron: ‘Pues ya, ya no va seguir Ernesto con la música’,” dice Cruz. 

Al contrario, Ernesto siguió estudiando, aunque esto significó que tuvo que balancear tres cosas a la misma vez. Sus últimos dos años en Northridge fueron difíciles, pero Ernesto aceptó que la vida nunca sería fácil. 

“Continué. Había muchos proyectos, había muchas cosas. Yo no pude ver [a] mi hijo crecer, pero a la vez, como siempre me dice mi papá: ‘Es un sacrificio y a veces tienes que sacrificar un poco de tiempo de estar con la familia para mejorar’ y eso fue lo que pasó varias veces. Para que no diga la gente: ‘Oh, pues tu vida fue perfecta’. En una vida no hay una perfección, siempre hay cosas que uno tiene que superar, y eso fue una cosa cómo balancear la familia, la escuela, el trabajo, ya que tenía que traer dinero para la familia,”explica Cruz. 

Ernesto estuvo tocando con la banda Santa Maria Xochixtepec por varios años como integrante y luego director. Fue hasta que en su último año en Northridge que él tuvo que dejarla porque sus responsabilidades como padre y estudiante lo forzó a que se enfocara en cosas más limitadas. 

“Perdí la comunicación completamente. Mi papá todavía está con la banda y él siempre me decía: ‘Ya sé que es importante ir a la escuela, pero cuando tengas chance, ven, no te van a decir que no’. ‘Yo ya sé, papá, pero ahorita tengo que enfocarme más en mi escuela,’” dice Cruz. 

Se reunió con la banda para hablar con ellos sobre su decisión.

“Yo fui francamente honesto con ellos, y les dije: ‘Mira, no es que no quiero, es que no hay tiempo. Estoy estudiando, tengo mi familia, pero si me esperan, yo les prometo, voy a regresar’. No los voy a dejar así, porque sin ellos, sin esa cultura oaxaqueña, yo no hubiera [tenido] esa oportunidad de estudiar música,” dice Cruz. 

Pero a pesar de parar de tocar con su banda, se enfrentó con otra decisión. Su pasión por estudiar más lo puso en una situación incómoda cuando se acercaba su graduación en Northridge. 

“Antes de que me graduara, estuve pensando muy bien si era conveniente ir directamente a mi maestría o trabajar y dar de comer, dar un techo, algo pa’tras a mi familia, mi esposa, mi hijo. La buena cosa es que mi esposa me dijo: ‘Tú tienes que continuar. ¿Cómo vas a parar nomás allí? Sacar tu licenciatura y no sacar tu maestría,’” dice Cruz. 

Con el apoyo de su esposa, Ernesto nunca miró hacia atrás. Fue aceptado en el Instituto para las Artes de California, o CalArts, una universidad reconocida internacionalmente por sus programas académicos en música, teatro, arte y cine. Ernesto se enfrentó con mucho más trabajo. 

“Esos dos años sí fueron unos de los más difíciles. No dormía, había muchas prácticas, había muchas tocadas, había muchas cosas que tenía que hacer, y la familia casi no los veía. Había veces, cuando yo tenía que traer a mi hijo a la escuela, y él estaba conmigo en las clases,” recuerda Cruz. 

A pesar de los sacrificios que Ernesto tuvo que imponerse para tener éxito en la escuela, él fue uno de los pocos latinos en la universidad de CalArts. 

“La mayoría de los estudiantes son güeros. La comunidad latina, nacidos aquí, no eran muchos. Había estudiantes internacionales que iban a estudiar allí. Estudiantes que vinieron de la pobreza, viviendo por South LA, viviendo por Watts, viviendo por Compton. No había eso. Yo fui el único… el único que estaba en la escuela de música que tenía todo eso, que era first generation, low income y el oaxaqueño,” relata Cruz. 

Después de 6 años en la educación superior, Ernesto se graduó con su Maestría en Bellas Artes en el 2015. 

Desde la primaria, Jéssica siempre estuvo involucrada en la música. Y ahora que estaba en UC Riverside, tenía la oportunidad de conocer y aprender más sobre la música. Al igual que Ernesto, ella estuvo muy involucrada en las bandas de la escuela.

Pero aunque UC Riverside está a casi una hora de distancia de Los Ángeles, Jéssica siguió muy involucrada en la Banda Nueva Dinastía, balanceando esto con su clases y tareas.

“Era muy difícil, dormía —si podía— nomás cuatro horas cada noche. Era lo más que podía dormir porque me la pasaba estudiando o me la pasaba ensayando, o me la pasaba regresando a Los Ángeles para estar con Dinastía. En aquel entonces, sí recuerdo que teníamos muchas actividades musicales con Dinastía, tocábamos casi every other weekend, dos o tres veces al mes, para acompañar a otros pueblos. Y en aquel entonces, no había tantas bandas como hoy en día,” explica Hernández.

En aquel entonces, había menos de 10 bandas oaxaqueñas en Los Ángeles, incluyendo la Banda Santa Maria Xochixtepec. Ahora hay más de 20. 

“Hoy sobran bandas, pero [en] aquel entonces, no había. Había esa necesidad de que las bandas fueran a participar, a veces tuve que sacrificar ciertas cosas. Tuve que sacrificar cosas en la escuela por Dinastía, o sacrificar cosas de Dinastía por la escuela,” dice Hernández. 

El horario de Jéssica estaba llenísimo, pero nunca se dio por vencida.

“Yo nunca tuve tiempo para mí misma. Dormía muy poco. A veces sí me estresaba bastante tratando de balancear todo, especialmente los eventos. Cuando tenía un evento de la escuela y Dinastía [pensaba] ‘¿Cómo le voy a hacer? Estoy tratando de estar en dos lugares al mismo tiempo’. Era imposible, pero buscaba la mejor manera. Fue difícil, pero se hizo lo que se pudo,” explica Hernández. 

Todo su trabajo en UC Riverside culminó con su senior recital, donde estudiantes de último año tocan lo que han aprendido. La mayoría de los estudiantes tocan piezas clásicas con un acompañamiento de piano. Jéssica tuvo que hacerlo de
manera diferente. 

“Yo no me siento yo si no puedo tocar lo que por tantos años crecí [tocando], mi música oaxaqueña. Entonces tuve que hablar con mi profesor, mi advisor, le dije: ‘voy a hacer el recital, pero no puedo hacerlo puro clásico,’” dice Hernández.  

Jéssica creció con la música oaxaqueña y la música tradicional que se enseñaba en las escuelas, pero siempre había separado estos mundos musicales, hasta este momento.

“Tal vez siempre separé mis dos mundos: mi mundo escolar musical y mi mundo música oaxaqueña, pero a este punto, ya no puedo dejarlos separados. Esos dos mundos ya se están empezando a unir y no puedo no presentar esto en mi examen final,” dice Hernández. 

Para la primera parte de su recital, Jéssica tocó unas piezas tradicionales, pero para la segunda mitad, trajo a la Banda Nueva Dinastía para tocar unas piezas también. Algo así nunca había pasado en UC Riverside.

“Para Riverside, me acuerdo que [en] aquel entonces fue algo que nunca habían visto: un ensemble así, de jóvenes, un ensemble tradicional de Oaxaca. En aquel entonces mis profesores me dijeron: ‘¿Por qué apenas está diciendo?’ Les digo: ‘Nunca se habían mezclado mis dos mundos, pero yo como persona no me sentía bien, no exponer eso,’” relata Hernández.  

Aunque esto pasó en el momento justo cuando se iba a graduar, Jéssica se sintió orgullosa de que los músicos oaxaqueños fueran reconocidos como importantes en la música. 

“Ya estamos recibiendo ese reconocimiento de que también somos músicos oaxaqueños. Tal vez no estamos estudiados clásicamente o tradicionalmente, como aquí en Estados Unidos en western music, pero eso no significa que no tengamos esa capacidad musical,” afirma Hernández. 

 A la hora de su graduación, Jéssica estaba contenta de obtener este logro, porque lo hizo para su comunidad, su familia y su banda.

“Pero sí siento esa presión de que si yo fallaba, todos fallábamos porque como muchos me decían: ‘Los jovenes zoochilenos son niños chiquititos. Te ven a ti como un role model.’ Siempre tenía eso en mente. Digo: ‘Oh, my gosh, si fallo yo, qué van a pensar de mí o qué idea les voy a dar a ellos, que a lo mejor no se puede’. Eso es lo que yo siempre tenía miedo y llegar a esa graduación y de haber logrado eso, para mí fue muy importante para mi comunidad, de decir que sí se puede,” dice Hernández. 

Ernesto se graduó de CalArts en 2015  y pasaron tres años desde que él dejó de dirigir la Banda de Santa María Xochixtepec.

“Hablé con mi esposa. Le dije: ‘Mira, ya, yo creo que ya puedo hacer otro proyecto e incluir la banda ahora a como estamos ahorita”’. Mi esposa fue muy alentadora en todo lo que hice y dijo: ‘Está bien’. En el 2014 por allí, regresé pa’tras con la banda,”
dice Cruz. 

La gente decía que la Banda Santa María Xochixtepec ya no era como antes, que les faltaba un director fijo. Era el momento perfecto para que Ernesto regresara y tomará de nuevo la batuta. Se reunió con la banda en la escuela donde siempre practicaban. 

“Les dije: ‘Ya sé que no he estado con ustedes por tres años y les dije que iba regresar, y aquí estoy. Ahora qué vamos hacer, qué es el proyecto’. Pues me dijeron que en tres semanas teníamos una audición con la comunidad de Yalina,” dice Cruz. “De allí se iniciaron las prácticas. Les dije: ‘Saben que yo ya soy de estudio y les voy a pedir más. Ustedes saben música, pero tienen que tener alguien que les empuje para que aprendan más.’ Es lo que hice.” 

En el caso de Jéssica, ella ya era parte de la dirección de la banda desde su último año como estudiante en Riverside, pero el tamaño de la banda se había reducido. 

“Todavía está la primera generación, pero igual yo fui de esas primeras personas, de esa primera generación, que empezó a salir. Así como yo salí a estudiar, ya después muchos empezaron a salir a estudiar, y poco a poco la banda empezó a perder elementos,” explica Hernández. “Mi papá, mi tío y yo pues dijimos: ‘Tenemos que empezar otra generación, tenemos que empezar a enseñar jóvenes otra vez porque desde que esa primera generación se formó en el 2001, no habíamos empezado con otros muchachos jóvenes.’”

La transición de integrante a directora no fue del todo fácil. 

“Ser un músico y después tomar esa dirección son dos cosas muy diferentes porque ser buen músico no significa que vas a ser buen maestro, que vas a ser buen director. Son cosas muy diferentes, muy distintas,” dice Hernández.

Pero no se trató solo de la transición, sino también del respeto hacia Jéssica porque ya no era la niña que empezó con la banda, hacía más de una década.

“Muchos de esos jóvenes me veían a mí como compañero y tomar esa dirección fue difícil porque a veces siento que no me tomaban muy en serio. Algunos siempre te van a ver como esa niña. Nunca te van a ver como esa persona adulta que tiene esa capacidad de hacer ciertas cosas. Después está el aspecto de que soy mujer, pero es otro tema completamente con sus propias challenges,” explica Hernández. 

Pero ahora como directora de la banda, Jéssica estuvo lista para esta nueva etapa con la banda. Había estado expuesta a la educación tradicional de música, pero no se olvidó de sus costumbres oaxaqueñas. Decidió incorporar ambas en su propio estilo de enseñanza.

“Yo ya había vivido los dos mundos, yo ya estudié los dos mundos. Entonces, empecé a formar un sistema. El aprender música es como aprender un lenguaje completamente nuevo porque tienes que aprender a leer música, ritmos, notas, todo eso. Es muy diferente. Los niños tienen una gran capacidad mentalmente que captan las cosas bien rápido. Eso es lo que me encanta de poder trabajar con niños,” explica Hernández. 

Además de la música, Jéssica usa los ensayos para enseñar a los jóvenes y niños más sobre su cultura y raíces.

“Siempre platicarles de su pueblo, de su historia, de su origen, de Oaxaca, cosas así. Lo más importante que yo veo es el lenguaje. Yo no aprendí el zapoteco, que es la lengua materna de allá de nuestro pueblo, pero sí aprendí español. Español fue mi primera lengua, pero también otra cosa que yo me estoy dando cuenta, es que muchos jóvenes aquí ya no están hablando el español,” dice Hernández. “Cuando les enseño música, se los enseño en español. Eso para mí es muy importante porque si yo no les enseño tan siquiera español en ese aspecto, van a perder ese español.” 

La banda Santa Maria Xochixtepec había participado en varias fiestas con el regreso de Ernesto a la banda. Hasta celebraron su 40 aniversario en 2016. Una conexión de UC Riverside iba a conectar a las bandas de Ernesto y Jéssica por tercera vez, pero ahora como directores de sus bandas por primera vez.

“Allí es cuando la doctora Xóchitl Chávez de la universidad UC Riverside nos contactó que quería hacer un proyecto, tipo audición, para las bandas. Se ha hecho presentaciones oaxaqueño, tipo Guelaguetza, por Santa Cruz, Fresno, UCLA, Long Beach, Arroyo Seco, Normandie Park, pero nomás se enfoca en la danza, los grupos folclóricos,” dice Cruz.

Aunque estaba sorprendido por el tipo de evento, a Ernesto le encantó la idea. La doctora Chávez es profesora de UC Riverside y coordinadora del evento. Quiso presentar la música y cultura oaxaqueña a la comunidad de UC Riverside. 

“La gente confunde lo que es Banda de Sinaloa, Durango, y esta es una manera para ver la diversidad y también la creatividad que tienen las comunidades oaxaqueñas. Hoy acabamos de escuchar lo que son sones, danzones, vals, mazorcas. Lo que es de influencia pues europea, pero lo que escuchamos dentro de esa música también son ritmos indígenas,” explica la doctora Xóchitl Chávez. 

El evento marcó la primera vez que hubo una audición de bandas filarmónicas en UC Riverside y Banda Nueva Dinastía también tocó.

Jéssica explica que estos tipos de eventos dan otra dimensión y significado a la música oaxaqueña.

“Sí nos habían invitado a ciertos eventos así, pero nunca nos habían dado ese aspecto musical. Siempre lo ataban más con otras cosas como con la Guelaguetza o con las danzas, pero nunca nos enfocan a nosotros como la banda, como los músicos. Detrás de toda tradición está la música, pero mucha gente da por más a los músicos y a la música,” dice Hernández. 

Ernesto ha visto crecer la bandas en Los Ángeles, y poco a poco estas han inculcado las tradiciones oaxaqueñas, especialmente zapoteca, dentro de la comunidad. 

Ernesto y Jéssica fueron parte de la primera generación de músicos oaxaqueñoamericanos. Ambos tocan el clarinete, pero ahora, como líderes y directores, su trabajo es enseñar sus tradiciones a la nueva generación. 

“La cultura es la queremos perseverar y los niños [deben] continuar con eso porque un día ya no van a estar los que en realidad sabían mucho de la cultura. Por lo menos nosotros todavía la estamos preservando, haciendo todas estas fiestas, haciendo todos estos eventos, dando clases de música para que ellos aprendan,” dice Cruz. 

Los Ángeles tiene comunidades grandes que son oaxaqueñas. Ernesto explica que hay recursos para que la nueva generación aprenda, pero la clave está en exponer la cultura oaxaqueña a los niños desde una edad pequeña.

“Estuve hablando con un maestro porque hay muchos niños que no se interesan en la música o en los usos y costumbres de Oaxaca. Hay muchas cosas aquí en Los Ángeles, pero si uno no las introduce o si no los llevan de pequeño, no van a saber,” dice Cruz.

Como padre, Ernesto ha hecho esto con su hijo y tiene planes más grandes para él en el futuro. Él quiere que sepa más de la cultura de sus padres.

“Él sabe que él es de Oaxaca. Él usa sus huaraches. No he ido a Oaxaca, el plan es ir este año, si no, el próximo con la banda y nos vamos a ir con toda la familia. Como mi esposa es de El Salvador, mi hijo tiene que saber de las dos culturas. Él también tiene que saber: ‘¿de dónde vinieron mis abuelitos?, ¿qué usos y costumbres hicieron allí?’  Si uno lo introduce de pequeño, les gusta, pero eso sí, de no forzarlos, porque si uno los forza a hacer las cosas, no lo van a querer hacer,” explica Cruz. 

Ernesto le da todas las gracias a su cultura vibrante y como parte de la primera generación en la música y en la educación superior, él quiere hacer todo lo posible para dar lo que él ha aprendido y logrado a esta nueva generación. 

“Yo soy oaxaqueño, soy educado, sé música. Yo quiero dar pa’ tras lo que Oaxaca me dio a mí. Me dio mi cultura y dárselo para atrás para que haya más estudiantes oaxaqueños pursuing esa carrera de música porque no hay muchos, y eso no es justo,” dice Cruz. “Oaxaca tiene muchos músicos y no es justo que ellos no tengan esa oportunidad. Yo puedo decir que yo di para atrás para que estudiantes aprendieran más y digan: ‘Oh, ¡qué bueno que alguien vino para enseñarme, para que me prepare para hacer esas audiciones para ir a las universidades y sacar una carrera de música!’

Para Ernesto, las responsabilidades de ser un músico oaxaqueño no son sólo saber las piezas musicales o notas de música. 

“Ser músico oaxaqueño es ser alguien que sabe sobre su cultura, alguien que tiene que saber los usos y costumbres y alguien que no tenga miedo y que siga adelante. Si no te das por vencido, vas a superar y vas a ir a lugares que uno nunca pensaría,” afirma Cruz. 

Jéssica también sabe que esta nueva generación de músicos va a mostrar su cultura musical al mundo como nunca antes. 

“Nuestra música oaxaqueña apenas está siendo expuesta al mundo entero y yo pienso que apenas estamos abriendo ese camino. Yo sé que los que vienen van a abrir ese camino más,” asegura Hernández.

 

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La historia de Yuri Morales, joven que tuvo dificultad en aceptar su identidad oaxaqueña, pero ahora la cultiva por medio de la zumba

Yuridiana Morales, mejor conocida como “Yuri”, es una ex alumna de la Universidad del estado de California en Northridge. En 2017, ella se recibió con una licenciatura en sociología y cuenta que le gustaría enfocarse en los temas de criminología y justicia penal. En solo cuatro años, ella también se graduó con honores gracias a su promedio de calificaciones altas.

Yuri nació en Los Ángeles, pero sus raíces vienen de Santa Ana del Valle, Oaxaca. Ella relata que sus papás, como muchos inmigrantes, vinieron a los Estados Unidos para buscar un mejor futuro.

“Mis papás terminaron la primaria y eso fue lo único que pudieron terminar”, mencionó Yuri, “Mi papá siempre se levantaba como a las cuatro de la mañana para agarrar leña y para ir al molino. No comían hasta la tarde cuando venían pa’tras a la casa. Ellos de verdad no tenían mucho dinero, lo único que hacían, creo que eran tapetes, pero no hicieron mucho dinero con eso”.

El proceso no fue nada fácil, puesto que sus papás tuvieron que cruzar la frontera hasta en 3 ocasiones para poder llegar a los Estados Unidos, quedando así esta, como la historia del esfuerzo de sus padres para poder salir adelante, aunque ella no entendiera dicha historia, hasta que entró a la escuela secundaria. Por un tiempo, ella habla sobre cómo se avergonzaba de sus orígenes, ya que en su nueva etapa estudiantil estaba rodeada únicamente de norteamericanos y sentía incomodidad pese al sacrificio de sus padres.

Yuri no entendía el porqué, pero a ella le disgustaba cuando sus padres tenían que reunirse con sus maestros y prefería que enviaran una nota al respecto. Ella confiesa que le avergonzaba la diferencia del color de piel de sus padres y la desigualdad en las labores que sus padres desempeñaban en comparación a los de sus compañeros. 

“Mi mamá me dijo: ¿Tienes vergüenza de nosotros?” 

“Y me quedé callada porque como que yo misma no lo quería aceptar y yo en mi mente pensaba: “Yo no tengo vergüenza, pero ¿qué es lo que siento yo?”.

Todo cambió cuando Morales conoció a más compañeros de su misma comunidad. Aprendió que no era la única de su escuela con dos identidades.  En la secundaria, Yuri tuvo más oportunidades de expresarse por medio de clases avanzadas, clubs y actividades como el ejercicio.

La nueva confianza que encontró Yuri en la Zumba le ayudó a sentirse más fuerte y por medio de la música latina sintió un gran orgullo en ella misma y de sus raíces.

Yuri regresaba a Santa María cada dos semanas, luego cada mes, pero cada vez le frecuentaba menos. Al pasar tanto tiempo en Los Ángeles, ella decidió optar por un trabajo, y a través del gimnasio de la escuela, ella pudo conseguir empleo como instructora de zumba y al darse cuenta del amor que sentía por su cultura en dichas clases, Yuri decidió trabajar como una instructora de baile.

Cropped view of multicultural dancers exercising movements of zumba in dance studio[/caption]

“Yo no tengo vergüenza, pero ¿qué es lo que siento yo?”

-Yuri Morales

A través de la zumba, Yuri comparte que se ha encontrado amistades y mentores que la llenan de buenas energías. Por ejemplo, en su primera clase como instructora, la lista de participantes se llenó, en su mayoría, gracias a que sus amistades le brindaron apoyo. En solo 3 semanas, sus nervios disminuyeron y pudo crear una lista de música a su gusto, a lo que le llama “playlist“. 

Sus ritmos favoritos para las clases eran los ritmos africanos y latinos, pues le hacían sentir orgullosa de sus raíces. Yuri encuentra su felicidad en el baile y la música porque la inspira a moverse al ritmo de las diferentes culturas. Así es como ella expresa el amor y cariño que le tiene a la diversidad.

“Cuando era chiquita, sí sentía racismo, [pero] no sabía qué era racismo antes,” cuenta Yuri.  “Hasta llegar a la universidad, y allí es donde hablamos más de racismo. Ahí es donde empecé a pensar más de cuando era chiquita. Y dije: ¿Sabes qué? Ahora ya entiendo por qué me sentía de esa manera” y “por qué no me querían”. 

Yuri cuenta que ahora es un gusto para ella conocer personas de todas partes de Latinoamérica. Y que la energía de los latinos en sus clases de zumba le ayuda a amar el estilo, el color, las historias y la vibra de sus raíces oaxaqueñas.

Musico Oaxaqueño en Los Ángeles

Musico Oaxaqueño en Los Ángeles

Por Álex Torres

Joven conecta con su cultura Oaxaqueña a través de la música

La historia de Francisco García (Franky), joven músico integrante de la banda “La Maravillosa”.

Francisco García, mejor conocido como Franky, nació en la ciudad de Torrance, California. Siendo sus padres originarios de la comunidad de Sierra Juárez, Oaxaca.  Él y sus hermanos son la primera generación de raíces oaxaqueñas en su familia que tuvieron la oportunidad de nacer en Estados Unidos, lamentablemente, esto les ha impedido conocer a la mayoría de sus familiares, ya que se encuentran residiendo en diferentes lugares fuera del país.

Los mexicanos pueden identificarse fácilmente con sus raíces, a veces por la comida, por sus trajes, por los santos a los que le rezan y otros simplemente, por la música. Y fue esto lo que ayudó a Francisco a conocer más personas en Los Ángeles, que también se identifican como oaxaqueños.

“Oaxaca tiene su propio estilo de música. Tiene lo que es su regional, sus jarabes y lo que es estilo filarmónico. Alguien que toca este tipo de música se sabe que es de Oaxaca, porque solo de Oaxaca proviene ese estilo de melodías, igual que sus danzas, su comida, lo que es mole, los chapulines y las clayudas,” cuenta Francisco.

En la escuela que asistió Francisco, muchos de sus compañeros son de diferentes lugares de Oaxaca. Es como empezó a conectar con la música de sus raíces Oaxaqueñas.

Desde su niñez, Francisco fue expuesto a la música, ya que en su casa se escuchaba mucho la regional mexicana. Su papá tocaba instrumentos lo cual, lo motivó para que él también siguiera el camino de músico. Junto a sus primos, primas y más paisanos, formaron una banda de la nueva generación que tocaba sones oaxaqueños.

Cuando se formó la banda “La Maravillosa”, ellos fueron criticados por otros músicos que tienen mucho tiempo en la industria, decían cosas negativas de su estilo de tocar, pero “La Maravillosa”, tiene su propio estilo, el cual fue aceptado por el público en Los Ángeles. Ellos fueron la primera banda regional mexicana que haya tocado en un estadio profesional de béisbol, gracias a su trabajo y enfoque, ellos han pisado lugares como Dodger Stadium, Oracle Arena, Staples Center y el Sports Arena de Pico Rivera, unos de los primeros eventos para la banda.

“La banda se formó en enero del 2016, y ahí en el Sports Arena fue el primer evento grande que hicimos con Banda La Maravillosa”, cuenta Francisco, “Fue la primera vez que pisamos un escenario así grande y que nos dimos a conocer aquí en Los Ángeles”. Explica Francisco.

A pesar de tener poco tiempo de trayectoria, fueron invitados para abrir el concierto soldout, donde Los Perdidos de Sinaloa y la Banda MS eran los artistas principales del evento. Con tan solos tres meses, la banda “La Maravillosa”, ya recibía el amor de la gente.

Sabemos que hay estereotipos acerca de los músicos, que tienen una vida agitada llena de lujos, fiestas y mujeres, pero en el caso de Francisco, es diferente, ya que él encontró al amor de su vida cuando se encontraba en una de sus “tocadas” y desde entonces, su ahora esposa le brinda su apoyo en todo, aunque a veces ambos tengan que hacer sacrificios con el tiempo.

Francisco y los demás integrantes de la banda, tienen grandes sueños; ellos quieren llegar hasta la cima y aunque saben que no es tarea fácil, aseguran saber lo que necesitan para lograr este reto. Francisco comenta que algunas veces tienen que faltar a días de trabajo para poder promocionar y a darse a conocer con el público para poder llegar a tener éxito en Estados Unidos y Latinoamérica.

Y como sabemos, el apoyo más grande que alguien pueda recibir empieza en casa. Cuando son los padres quienes creen en tu talento y te impulsan para llegar a alcanzar tus sueños, sabiendo que, si caes, aún estarán ahí. Francisco valoró muchos los esfuerzos de sus padres, por ello sigue luchando cada día por sus sueños con la música, especialmente, por su madre.

“Cuando tenía 15 años, ella me compró un trombón que es así de marca profesional que usan bandas, así como El Recodo y todos ellos, que era un trombón que vale como $2,500 dólares, y ella me lo compró” expresa Francisco, “y ya con eso, le eché más ganas”.

Francisco nos platica sobre la diferencia de la música de Oaxaca comparada a otros estilos que existen en otros estados. En Oaxaca los estilos son zapateado, rancheras, swings y cumbias.

“Mucha gente que conozco de Sinaloa, o así de diferentes lugares, han dicho que: ‘Oh, yo admiro mucho a los músicos oaxaqueños porque ellos tienen su propio estilo de música”, cuenta Francisco.

Con el trombón que me compro mi mama le eche más ganas.

-Francisco García

Francisco expresa, que la música oaxaqueña es original, tiene su propio sabor y es diferente comparada a la música de Sinaloa o de otros estilos de los estados en México.

Aunque él no practica mucho la cultura oaxaqueña como en la comida, el lenguaje y otras prácticas, Francisco domina su cultura con la música, su estilo, y su pasión de seguir tocando los sones de donde son originarios sus padres.

Radio Nepantla: Musico Oaxaqueño en Los Ángeles

¿Qué es ser Muxe?

¿Qué es ser Muxe?

Por Selvin Rodas y Zaira García

El significado de la palabra muxe, es un término zapoteco, en general, y es para definir al hombre homosexual. Muxes una palabra zapoteca de la región de Istmo de Tehuantepec, específicamente para los hombres. Hay una gran diferencia entre un hombre que se viste normal y el que se viste de mujer.

En Zapoteco significa, por ejemplo, muxe ingiu que significa el hombre que se viste de hombre y el que se viste de mujer le llaman muxe gunaa’, es el hombre que se viste y adopta los roles femeninos, también, las actividades cotidianas de una mujer. Gunaa’ ingiues lebiana, ingiusignifica hombre en zapoteco y gunaa’significa mujer.

Muxe no es solamente una palabra para definir a los hombres que adoptan roles femeninos. Mucha gente está confundida con eso. Muxe generaliza a toda la comunidad gay, pero obviamente, como te digo, en zapoteco qué significa muxe. También significa, más que nada es en la región de istmo de la Heroica Ciudad de Juchitán de Zaragoza que ellos cuentan con una población de cómo 120 mil personas. Del 80 por ciento, hablan su lengua materna, que es el zapoteco.

En la región del istmo, la comunidad muxe es bien aceptada y respetada. Pues ellas se han ganado el respeto de los demás con su trabajo y dedicación que ofrecen a la comunidad.

Muxes hay en todos lados, pero en la comunidad del istmo somos como más aceptados porque muxe no significa el término de libertinaje, sino de una persona trabajadora, emprendedora”, cuenta Angie Sánchez, “Eso se destaca más en un muxe, porque tiene muchísimas habilidades y manualidades.”

Aunque, quizá, un muxe y un transexual tengan las mismas características, la comunidad muxe se distingue como una comunidad autónoma.

“Tal vez, le puedes llamar como un transformismo, pero no un disfraz, si no es tu forma de vivir y hay muchos que viven como una mujer, aceptando los roles de una mujer, las actividades, salen a la calle vestidas de mujer”, cuenta Angie.

Angie dice que la comunidad istmeña es más tolerable. El muxe lo hace por tradición, lo hace por costumbre o por gusto. También hay una gran diferencia porque el muxe va a tener a su pareja, pero tiene que ser straight o lo puedes llamar bisexual. Pero nunca va a andar un muxe con otro muxe. En cambio, en Estados Unidos hay una pareja de un gay boy con otro gay boy, en el Istmo no lo vas a ver así. Él es muxe y prácticamente es una mujer y tiene que escoger a su pareja que se straight.

Aunque Angie nació siendo varón, ella supo, desde una edad muy temprana, que era diferente a los demás. Y aunque no fue fácil el proceso, ella siempre tuvo el apoyo de su familia.

“Yo desde los seis años, yo sabía que era  muxe”, Angie cuenta que desde esa edad empezaba a jugar con muñecas que le gustaba jugar más con sus hermanas, no salía a la calle con sus vecinos, “Entonces, para mi familia, no me fue tan difícil porque todo saben que es lo que ya vas a ser
de grande.”

Durante su infancia sufrió de discriminación o bullying. En la escuela, aunque tenía compañeros que sabían, pero Angie no pudo evitar de que sus compañeros se burlaban de elle.

Por parte de su familia, nunca tuvo algún problema ya que asistían a fiestas de disfraces y Angie se ponía la ropa de
su hermana.

El traje Tehuana es uno de los trajes más conocidos y admirados en el mundo, y lo usan las mujeres zapotecas, y son cuales Angie viste orgullosamente; ya que desde la primera vez que uso uno.

“Me enamoré del traje, y como principiante, obviamente no te puedo decir a la perfección, pero poco a poco vas adaptándote al traje de Tehuana”, Angie cuenta que el traje es muy significativo sobre todo para la comunidad istmeña, “Créeme que cada detalle significa mucho desde que inicias con las flores en la cabeza, o el tocado, si es del lado izquierdo es que eres señorita.”

No es un disfraz, si no es tu forma de vivir.

-Anguie Sánchez

Las mujeres muxes de la región del istmo que visten los trajes tehuanos, lo consideran como un símbolo que las representan y que a la hora de lucirlo lo hacen con mucha delicadez y elegancia. A pesar de todos los retos que este país le ha presentado a Angie, ella ha creado una asociación para ayudar tanto a la comunidad muxe como a la comunidad oaxaqueña que radican en los Estados Unidos y en Oaxaca. Pero, sobre todo, ella quiere promover la hermosa cultura de Oaxaca a través de
esta asociación.

“Formé una sociedad llamada Velavinigache, y Vinigache significa… Vela- es la festividad, –vini-significa gente en zapoteco, y –gache significa diverso o diversidad”, cuenta Angie.

En Los Ángeles, hay tres festividades, tres velas. Dos que son velas muxes y la otra es para toda la gente.

“Nosotros iniciamos esa sociedad con la finalidad de que todo mundo participe, y no solamente el muxe, sino también la comunidad straight, los niños, los señores”, Angie dice que en las velas muxes tiene que ser un muxe la reina.

En las velas hay gente de Colima, gente de Michoacán, gente de Argentina, Angie dice que están enamorados d la cultura Oaxaqueña. Y el propósito es que todos participen. No solamente la comunidad oaxaqueña, sino en general y dar a conocer las tradiciones. Sobre todo, rescatar un poquito de ellas. Traerlas aquí al sur de California para que la gente disfrute.

“Creo que la comunidad oaxaqueña tenemos que estar unidos, no solamente para rescatar y guardar nuestras tradiciones sino también para ayudarnos como paisanos ya que mucha gente viene ilegal”, Angie dice si se ayudan, la discriminación y la aceptación por parte en el caso de los muxes, sería mucho mejor, “En general, yo creo que nos ayudaría mucho no solamente en la forma personal, sino también laboral, profesional, porque ayudándonos entre todos.”

A Angie le gustaría que la comunidad muxe, incluyendo la comunidad LGBTQ se acepte tal y como son y que vivan la vida feliz siendo ellos mismos. En la actualidad, Angie vive felizmente casada, a quien tiene pensado llevarlo muy pronto a Oaxaca para que conozca lo hermoso del estado oaxaqueño y de su cultura.

Muxe: El Orgulloso tercer sexo de México en Los Ángeles

Muxe: El Orgulloso tercer sexo de México en Los Ángeles

Por Nora Estrada

Desde la época precolombina, en la zona zapoteca del Istmo de Oaxaca, ya consideraba a los muxe como parte de un tercer sexo, y con mucho orgullo, respeto y aceptación. Algunos han emigrado como tantos otros oaxaqueños a Los Ángeles donde cada día se afianza más con los mismos valores e integridad, y hasta organizan una de las fiestas más representativas que tienen: La Vela Muxe.

Xicaru Cruz, nombre que adoptó a los ocho años, pero que al nacer lo llamaron Aldo, dijo que la comunidad muxe sigue creciendo, afianzándose y buscando su espacio en tierra estadounidense.

“Ya somos más de cien muxes en Los Ángeles y trabajamos para seguir ganando espacios y respeto, lo cual hemos logrado. Es un honor para nosotros, nuestros padres y para nuestra comunidad ser muxe.

“Y más porque no nos da miedo manifestarnos e integrarnos a otros grupos de diferentes sexos en este país”, dice Xicaru, quien el 2016 fue coronada como la Reina de la Vela Muxe LA.

La oaxaqueña de 43 años, quien llegó a Los Ángeles en el 2004, añadió que a los ocho años de edad descubrió que su preferencia sexual no era la de un niño.

“Simplemente sentía atracción por alguien del mismo sexo, me llamaban la atención los hombres guapos grandes, los guapos de telenovela. Mis preferencias no coincidían con el cuerpo con el que nací.

Trabajamos para seguir ganando espacios y respeto.

-Xicaru Cruz

“Mis padres aceptaron mi condición, nunca hablamos del tema, simplemente aceptaron sin preguntar y siempre me respetaron”, agregó.

En Los Ángeles, Xicaru contó que desde hace décadas los muxes están en California, pero no se atrevían a manifestarse.

“Empezamos a salir del closet a partir del 2007. En esa época ya, dentro de la comunidad, había madurez para salir a gritar lo hermoso que es ser muxe”.

A partir de ese entonces, agrega Xicaru, empezaron a ganarse el respeto, primero entre la comunidad oaxaqueña, y luego
la angelina.

“Nos empezamos a organizar e integrarnos porque como se dice la unión hace la fuerza, y lo logramos”, agregó.

Como resultado de ese esfuerzo, tres años después, en el 2010, surgió la primera fiesta llamada Vela Muxe.

La vela de coronación de Xicaru como reina muxe del 2016

Con paso lento, pero coqueto; con la frente en alto y mirada de orgullo, así llegó Xicaru Cruz, la Reyna de la Vela Muxe LA a “Casa Oaxaca”, lugar donde se efectuó la fiesta ceremonial del 2016, y donde más de 400 personas la esperaban para rendirle honores.

Pero, ¿Qué hace tan especial esta celebración que cada año cobra más fuerza en esta ciudad?

Se trata de la coronación y veneración de un muxe que para la población zapoteca del istmo de Tehuantepec, Juchitán, Oaxaca, México, es una persona nacida con sexo masculino que asumen roles femeninos en cualquiera de los ámbitos social, sexual y/o personal.

Las personas muxe corresponden a parte del espectro de la diversidad sexual y de género de la cultura occidental. Encontrando sus equivalentes en términos como: travestis, mujeres transgénero y mujeres transexuales.

En una familia tradicional, el muxe todavía suele ser considerado por su madre como el mejor de sus hijos porque nunca abandona a los padres en los momentos difíciles de la vida: la vejez y las enfermedades

Y con mucho orgullo, Aldo Cruz, quien adopta el rol de la reina Xicaru Cruz, dijo que es un privilegio manifestar libremente su preferencia sexual con su familia y comunidad en general, sin temor a ser agredido o amenazado.

Al ritmo de la Banda Filarmónica Maqueos, Xicaru dejó con la boca abierta a las mujeres que se dieron cita en Casa Oaxaca el sábado 23 de julio porque portó tres atuendos
de colección.

Para la entrada portó un corsé con el alebrije del venado resaltado del diseñador nayarita Ricardo Soltero.

Y más tarde para el vestido de bienvenida eligió el traje femenino representativo del Itsmo, impactando al sexo femenino por lo exquisito de la prenda de colección que tiene un valor de tres mil dólares.

Unas horas más tarde presumió un vestido de noche de la diseñadora Fabiola Calvo, con accesorios de Raquel Toledo.

Luego de la entrada triunfal, durante la ceremonia de honor, el maestro de ceremonias José Luis González invitó a los mayordomos de la festividad, Ángel Altamirano y su esposa Dalia; al Capitán Jesús Ramírez Burac, quienes representaron al Señor de la Misericordia.

Esperanza Méndez también fungió como capitana representando al Santo de San Sebastián de Mártir, Wendy Cruz representó a el Santo San Juan Bautista, Angy Xunaxi a la Virgen de la Soledad y Kimberly Aguilar a el Señor de Tlacolula.

El Cónsul General de México en Los Ángeles, Carlos García, fue uno de los invitados de honor y realizó la entrega de reconocimientos.

Las ex reynas del 2014 y 2015, Karen Álvarez y Tanya Sandoval, también estuvieron en la ceremonia.

Momento Mágico

Para Xicaru, el momento de la coronación fue mágico porque es la cosecha de lo que ha sembrado durante años en la comunidad angelina difundiendo las tradiciones de Oaxaca a través de los bailables folclóricos.

“Cuando me estaban coronando fue algo mágico para mí, me sentí realizada. La reyna es seleccionada por destacarse en la comunidad como la chica que más trabaja en el año a favor de la comunidad, es una gran activista”.

“Es una satisfacción, un gusto, un privilegio definitivamente. Para mí es como cosechar los frutos que he sembrado muchos años de labor cultural y artística, y que te hagan el honor de convertirte en reyna es una satisfacción, sientes que todo lo que has hecho vale la pena”, dijo.

El ambiente en Casa Oaxaca llegó a su clímax después de la coronación, cuando los asistentes intercambiaron platillos tradicionales, botanas, postres, pastelillos, el pan tradicional de huevo, barbacoa, y toda clase de golosinas, entre otros regalos típicos de Oaxaca.

Con música de Moisés y sus teclados, los invitados no se hicieron del rogar para poblar la pista de baile al ritmo de “La Zandunga”, La Llorona”, “Naila”  y “Quizá”, entre otras.

Mision

Xicaru dijo que entre las actividades que realizará durante su reinado está promover la tolerancia y respeto a la comunidad LGBT (Lesbianas, gays, bisexuales y personas trasgénero), difundir la cultura oaxaqueña y promover los bailes folclóricos.

“Mi misión sigue siendo la misma, apoyar a la comunidad, continuar con la expresión artística a través de los bailes tradicionales y promover la tolerancia para mi comunidad LGBT.

“Y quiero agradecer y decir que me siento muy orgulloso de que muchos de los empresarios oaxaqueños me apoyan moral, económica y espiritualmente, así como mis bailarines, sus papás, mi familia de sangre y la comunidad de Bienestar, entre muchos más, hay mucho apoyo.

Xicaru comentó que a pesar de que hace un mes murió su papá en Oaxaca, decidió continuar con el evento porque su progenitor así lo hubiera querido.

“Fue difícil, durante la celebración lo recordé, pero ya todo estaba listo, y mi papá ya está descansando en paz”.

La nueva Reina Muxe de 36 años dijo que su familia la apoya, aunque en el evento sorprendió a una sobrina de siete años que nunca la había visto vestida de mujer.

“Mi sobrina me vio y me preguntó por qué me había vestido de mujer, y ella misma respondió al decirme: ‘ahhh, eres gay’, pero con naturalidad. Mis sobrinos y hermanos ya saben, ya lo dan por hecho”, comentó Xicaru, originario de Chigolo Tlacolula, Oaxaca.

Xicaru llegó a Los Ángeles en el 2004 para apoyar a la comunidad de Tlacolula, y en el 2013 formó el ballet folclórico Princesa Donají, del cual es director general, director artístico y director de vestuario.

El año pasado, en coordinación con la institución de Salud, AltaMed, llevaron a cabo la  primera Feria de Salud  y de recursos para la comunidad Muxe en Los Ángeles.